Anoche soñé con nosotros. Estaba oscuro y hacía frío. Un par de farolas intentaban a duras penas iluminarnos las dudas. Yo tiritaba, pero tú no corrías a abrazarme.
Estabas tan inmóvil, tan diferente...
Mirabas mis ojos casi sin pestañear y mientras, el viento helado te arañaba la cara.
De pronto, se oscureció todo. Y cuando la luz pareció volver a dejarme ver tus pupilas, sólo pude encontrar vacío.
No había rastro de ti.
Ni de tu indeferencia.
Ni de tu cautela.
Y mucho menos de nosotros.
Fue entonces cuando me sorprendí llamándote y tiré el teléfono al suelo mientras volvía a la realidad.
Te habías ido y ya, no había nada más que decir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario