Pongamos que la ilusión es una
pompa de jabón.
Una pompa azulada y transparente.
Hermosa, brillante y perfecta.
La pompa es guiada por la brisa y
va ascendiendo cada vez más y más alto.
Es precioso ver como va dejando
atrás el suelo, la hierba, las copas de los árboles, las nubes...
Nada parece poder detener su dulce vuelo.
Y entonces explota. Se desintegra
en menos de un segundo.
Es curioso que después de llevar
toda su vida subiendo, apenas tiene tiempo para morir.
Para desaparecer.
Para sentir como su forma se
destruye.
Simplemente ya no existe.
Y tú, desde abajo, asumes pero no
comprendes que la azulada y trasparente pompa de jabón que
perseguías con la mirada, ya no es hermosa, brillante y perfecta. No
entiendes que se haya borrado de tu cielo, para siempre.
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