domingo, 10 de noviembre de 2013

Carta 11ª




A veces no sabemos por qué, nos sentimos simplemente bien. Sin razones ni motivos.
Esta tarde de domingo estoy especialmente feliz.
Tengo un millón de motivos en la cabeza para sonreír muy fuerte.
La música inunda las paredes de mi cuarto y sonrío de forma curiosa.
Me miro al espejo y aunque las mollitas y mi cara de pan siguen ahí, me veo guapa y me siento preparada para todo.

He degustado esta tarde uno de los mejores capuchinos que he probado en mi vida. Tampoco me  puedo quejar de la compañía. Ha sido divertido.

Anoche, Rafa Pons nos "gritaba" que nos lanzáramos a la vida, que dejáramos que "pasaran cosas", como dice su propia canción. Es jodidamente buena y me hace gracia, porque es el plan que empezado a seguir desde hace un par de semanas. Y oye, me va de lujo.

Hablando con un amigo esta mañana, me comentaba que lo ha dejado con su novia y le he dicho que dejara que la vida le sorprendiera con lo que le tiene preparado. Que arriba los ánimos.
Somos jóvenes. Esa es nuestra mejor baza. Y tenemos el deber de usarla.
Para qué complicarnos la vida con eso de "que habría pasado si..." o el maldito "por qué no ha funcionado". A la basura las dudas y los reproches a la conciencia.
Mi futuro se lo dejo al universo y apuesto por la piel y el rugir del corazón.
Y es que "lo normal, es que pasen cosas" y por qué no dejar que pasen, y que pasen muchas, y se les salude, y se las conozca y se las repudie y se las acepte y se las recuerde bajo el edredón.
Yo estoy dispuesta a disfrutar de lo que venga, a decir adiós a lo que se marche y a cerrar bien la puerta pa' que no vuelva.
Sonreíd muyyyyy fuerte,os cuento luego que he quedado a cenar con mi solaza rubia R. :)







Carta dedicada a Clapton

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