Sabéis, tengo un amigo francés que es una persona increíble. Hace tres años viajé en verano a Irlanda y allí aparecimos, un montón de gente metida en una clase de países totalmente diferentes y con un objetivo primordial: Aprender inglés. Es curioso como ahora que lo pienso, creo que con lo que menos me quedé de aquellas semanas fue con el maldito inglés y es que conocí a gente maravillosa y entre ellos a un amigo de Arabia Saudí, un encanto, y al francés que mencioné al inicio.
Hace un año, Rèmi me escribió por el facebook como suele hacer cuando me ve por el chat y hablando con él me comentó que le habían diagnosticado leucemia.
Recuerdo que el mundo se me paró por un momento. Clavada en la silla y con los ojos aguados y fijos en la pantalla no sabía que responder. Aún ahora creo que seguiría sin saber que decir si volviera a pasar.
Fuimos hablando y finalmente un día me dijo que por fin la quimio se había acabado, que sólo veía al médico para revisiones de rigor.
Hace un mes hablé con él justo cuando el mundo se me caía, justo cuando la sonrisa me pesaba más que nunca y los ojos se me veían hinchados de llorar por todo. Entonces, como tantas otras veces, Rémi me habló por facebook y me preguntó que cómo me iba todo. Yo fui sincera hasta el extremo. Y entonces me dio una lección que me cortó las tonterías y el llanto de golpe. Me recordó por lo que había pasado él, como tanta otra gente, y que desde el principio estaba empeñado en superarlo y así lo había hecho. Si yo me empeñaba en ver que nada en mi vida tenía solución, al final, nunca la hallaría. Y me cerró la boca con la verdad más grande que me habían dicho en mucho tiempo.
Rémi sigue hablándome por facebook, preguntándome qué tal me va, preocupándose de saber si he sonreído últimamente, y es curioso y bonito, como personas que están lejos y con las que has compartido una milésima de tiempo de tu vida, te tienen tan en cuenta y te hacen sentir así de especial.
No pasa un día en que no esté orgullosa de él, y de nosotros, por haber sabido seguir siendo amigos fuera de la Isla Esmeralda y sus casas de colores vivos, de sus praderas y sus duendes.
Gracias por tantas sonrisas y tanto cariño impagable.
Carta dedicada a Rémi Pagnon.
Ojalá te llegue desde aquí a Marsella.
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